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La revalorización de la política

jueves, 23 de mayo de 2013

La revalorización de la política

Producto del estallido del sistema político, después de una década de recetas neolibelares que destruyeron el aparato productivo del país y empujaron a millones de argentinos a la exclusión, probablemente las elecciones presidenciales del 2003, hayan tenido, desde el principio hasta el fin, uno de los recorridos más atípicos de los que se tenga memoria. En efecto, la convocatoria a los comicios sobrevino después de una profunda crisis institucional, que en una primera instancia, a través de una ley del Congreso, convocó a elecciones a la vez que simultáneamente designaba un Presidente de la Nación interino. Más tarde, cuando ese Presidente a los pocos días abandonó el poder, se volvió a convocar a elecciones en un régimen que representó una mezcla de Ley de lemas e internas abiertas al mismo tiempo. 

En el último tramo, la elección finalmente dejó a los ciudadanos sin segunda vuelta. Tal vez, fue la última carta que se jugaron los poderes fácticos: Que naciera un gobierno de escasa legitimidad, que el día de mañana pudiera ser fuertemente condicionado o incluso desplazado. 

Por eso tal vez entre los logros más importantes que se pueden enumerar de estos diez años habría que poner a la cabeza el restablecimiento de la autoridad presidencial y la revalorización de la política como la principal herramienta en la toma de decisiones. En muchos sentidos se dieron pasos hacia delante: la renovación de la Corte, la estatización de las AFJP, la Asignación universal por hijo, el canje de deuda y la inclusión laboral y previsional. También hay que decir que el crecimiento de los primeros años pasó de largo en lo que se refiere a inversiones en la infraestructura de transporte. Otra área que presenta caracteres contradictorios es la educación. Por un lado aumentaron significativamente los recursos, ya que hoy se dedica más de seis puntos del PBI al financiamiento educativo pero la contracara es que de diez chicos que ingresan al sistema sólo tres lo hacen a la escuela pública. 

De más está decir que quedan materias pendientes. Una de ellas es reanimar el proceso productivo para volver a generar tasas de empleo más parecidas a los primeros años de esta década que al último tramo, que se ha caracterizado por un descenso en el ritmo de creación de nuevos puestos de trabajo. 

Otro problema que requiere urgente abordaje es incorporar al sistema formal al 32% de los trabajadores o asalariados que están en negro y por lo tanto no gozan de los beneficios de vacaciones pagas y aguinaldo. Y en muchos casos ni siquiera tienen una cobertura que les de seguridad en salud. 

Creo, por último, que estos diez años hay que analizarlos en el contexto de los treinta años de democracia. Y haciendo un puente entre la gestión de Raúl Alfonsín y el período abierto en el 2003, no tengo dudas en afirmar que los argentinos hemos crecido y evolucionado, no sólo en materia de ampliación de derechos civiles sino también en lo que se refiere a la participación ciudadana en la renta nacional.  


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